Esta semana corta se me paso volando. Me acorde de vos Mario, primero por el asado que aún te reclamo, y porque como vos sos del palo, tuve que pasarme un día completo en los médicos en Rosario.
Se me ocurre pensar ahora, por qué, la gran mayoría de gente que conozco se hace atender de sus ñañas en Rosario, porque será. Será tema para más adelante, quisiera no generalizar para que mis amigos médicos santafesinos no se enojen.
Pero el tema viene a cuento porque en un consultorio cuando hay que esperar mucho, es normal ponerse a revisar, las hojeadas y viejas revistas que se colocan para que los pacientes se entretengan. Yo tuve suerte y me toco una de hace un par de semanas que tanto en la tapa como en su interior hacía mención al tema de la generalizada corrupción que hay en la Argentina.
Vos me dijiste alguna vez que no era una cuestión generalizada, yo te digo que hoy y para seguir con la medicina, es una pandemia.
Mientras como fondo escuchaba las distintas enfermedades que cada una de las presentes decía que tenía, yo trataba de concentrarme leyendo las andanzas del Secretario de Transporte de la Nación y sus socios.
La investigación periodística mencionaba que todos los meses las Cámaras de transporte de pasajeros de corta y larga distancia debían “poner” entre 100 a 150 pesos por colectivo. A fin de mes el total ascendía a alrededor de 4.000.000 de pesos, que el Sr ponía en un bolso deportivo con el que realizaba su acostumbrada visita a Olivos.
Menos mal que estaba cerca de un médico, que aunque ginecólogo, algún tacto me podía practicar si mi presión reventaba ante lo que estaba leyendo. La publicación era seria, no era un pasquín, por lo tanto la información se supone que tiene una investigación previa.
También se mencionaba los dichos de un empresario español acerca de la solicitud de 6.000.000 de dólares para autorizar a su compañía de aviación poder surcar los cielos argentinos.
De resultas de esto, la publicación paso, fue tapada por otras noticias y fue. Entretanto, por lo menos en Buenos Aires viajan como ganado. Ah pero a Santa Fe, los subsidios no llegaron, será porque nuestros empresarios ¿no colaboran?
Este proceder, en realidad pronto va a cumplir doscientos años.
Personalmente cuando veo las encuestas de distintos medios en donde los argentinos no colocan a la corrupción, como el principal motivo de nuestra decadencia como Nación entiendo que vivimos totalmente anestesiados, siguiendo con los términos médicos.
"Ranking de Transparencia Internacional 2008: la Argentina, entre los países más corruptos. Sobre 180 países estamos 109. Detrás de Chile, Uruguay, y Brasil.
Esta es la noticia que difunden todos los medios orales, escritos y televisivos en todo el mundo.
Los expertos de la ONG Transparencia Internacional juzgaron que proyectos como el del tren bala o cuestiones como la manipulación de los datos del INDEC no ayudaron a construir una imagen de gobierno “limpio”.
Entre los aspectos negativos, el informe destacó además la falta de transparencia en la asignación de la pauta oficial y el “oscuro” financiamiento de la última campaña presidencial.
Es una vergüenza muy grande que de la República Argentina se tenga en cuenta esta situación.
Los casos IBM-Banco Nación, DGI-Banco Nación, los DNI, contrabando de armas a Ecuador y Croacia; coimas en el Congreso de la Nación, diputrucho, caso Skanka; sobre con dólares en el Ministerio de Economía, valijagate, enriquecimiento ilícitos de políticos, compra de tierras fiscales a precios por debajo del precio de mercado, mentiras en datos en el Indec, etc.
Estos son algunos de los miles de casos de corrupción que están instalados en nuestro país y que no se resuelven.
Te acordás Mario cuando hablábamos de la transpiración del sacrificio para progresar, bueno en busca de una explicación a la brutal caída que ha tenido la Argentina como nación, mi impresión es que los valores que hoy imperan son los de una sociedad que trata de maximizar las utilidades en el corto plazo a cualquier costo.
Obviamente que no todos los argentinos tienen esta comportamiento, pero sí creo que una parte importante de la población ha decidido que con el trabajo honesto y el esfuerzo no se llega muy lejos y, por lo tanto, va adecuando su comportamiento a las reglas de juego que podríamos denominar: “expoliar al prójimo”.
Desde el político que utiliza el cargo público para beneficio personal y salvarse de por vida, pasando por el empresario que busca todo tipo de privilegios para su negocio, llegando al dirigente sindical que no tiene límites para meterle la mano en el bolsillo a los trabajadores o al dirigente piquetero que explota la miseria de la gente para organizar sus fuerzas de choque, todos buscan “expoliar al prójimo” utilizando al Estado como instrumento de robo legalizado.
Mi punto es que esta situación se ha generalizado de tal manera que hoy termina jugándole en contra a los mismos que lograron fortunas usando al Estado en beneficio propio.
Todos aquellos empresarios que usaron al Estado para que le otorgara protección contra la competencia, subsidios y demás privilegios, vive hoy encerrado en su casa porque la pobreza y la inseguridad, surgidas de tantos años de saqueo generalizado, hacen que ni él ni sus hijos puedan transitar libremente por las calles.
Lo mismo le ocurre al político, al dirigente sindical y al piquetero. Todos hemos caído tan bajo que no sólo no tenemos un país en el que se vislumbre un futuro de prosperidad, sino que, además, ya no está en juego el patrimonio de cada uno de nosotros.
Lo que hoy está en juego es la paz y la seguridad de todos. De los honestos y hasta la de los saqueadores.
Es una verdad que la corrupción genera pobreza. Imagino, Mario, habrás leído el impactante titulo del diario vespertino de Santa Fe sobre el problema de la inseguridad. Toda relación con lo venimos expresando es pura coincidencia.
En este contexto, las empresas no valen nada porque la Argentina no tiene porvenir bajo estas reglas de juego propias de los piratas. ¿Cuánto puede valer una empresa en un país donde ni la vida ni la propiedad tienen importancia?
En síntesis, estoy plenamente convencido, aunque suene como algo imposible, de que volver a la cultura del esfuerzo, del trabajo honesto, del riesgo empresario, del respeto por los contratos y la palabra dada, es muy buen negocio en el largo plazo.
Este es el gran desafío que hoy tenemos los argentinos. Desterrar la cultura de la dádiva y del robo legalizado para volver a la ética de un capitalismo nacional y competitivo.
lunes, 16 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario